SU ÚLTIMO VIAJE
Tenía un andar pausado y unos ojos gris cielo con un punto de nieve sobre sus sienes.
A pesar de su apego a la vida; ella había dejado de batallar con muchas obligaciones y placeres. Comía sin culpa, como quien teje en la oscuridad el deseo de alargar la vida.
Con cierta frecuencia preguntaba:
"¿Hoy que luna es? e insistía. Llevadme, llevadme allí.
Allí donde envejecieron mis abuelos, se quisieron mis padres, nacieron mis hermanos y amé hasta la locura de tener 10 hijos.
Allí aprendí a la fuerza el orden que rigen las estrellas y la vida. Padecí la belleza, encontré la paz y la sabiduría que muchos nunca encuentran.
Llevadme, llevadme."
Ingresó en su última morada con la misma discreción con que vivió y floreció la serenidad sobre el rostro de sus 93 años de sencillez a cuestas.
Inició el último viaje una madrugada fresca y cuando un rayo de sol atravesaba las nubes, la aldea brillaba entre el embalse en contraste con los bosques de robles y castaños. Ya descansa en el lugar donde atesoró los amuletos de su infancia.
Nos enseñó el secreto de abril y el anhelo de diciembre por eso seguirá viva entre nosotros; porque quedan lunas para recordarte siempre querida mamá.